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El sexteto Fantasía

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Aunque trabajaba de noche en la casa de la Bandida y terminaba muy tarde, todas las mañanas se presentaba temprano a laborar en la XEW. En uno de esos días se enteró que pronto habría un concurso en la radiodifusora para profesionales que no habían tenido la oportunidad de destacar en el medio artístico.

Muy entusiasmado, animó a participar a Los Tres Brillantes, el trío del que formaba parte en la casa de la Bandida, así que comenzaron a prepararse. Pero el destino hizo que en los pasillos de la W Marco se encontrara a una amiga de tiempo atrás, Bertha, que también tenía su propio trío de mujeres, llamado Rubí. Como unos y otras eran profesionales pero desconocidos, se les ocurrió la original idea de participar en el concurso como un sexteto: tres mujeres y tres hombres. Su nombre: Sexteto Fantasía.

Ensayaban temprano por las mañanas: ellas muy frescas; ellos desvelados después de las largas noches con la Bandida. Finalmente concursaron y la sorpresa fue que ganaron no sólo los cinco mil pesos del premio, sino un contrato por tres meses para cantar todos los días a las siete de la mañana en el programa de radio Mañanitas Fab.

Les fue tan bien que se quedaron en el programa no por tres meses, sino por un año entero. Cantar todas las mañanas en el radio les dio cierto reconocimiento. De hecho, los directivos de la RCA Victor se interesaron en el sexteto y pronto comenzaron a ofrecerles contratos para hacer coros a grandes artistas. El primero fue Genaro Salinas, uno de los ídolos de Marco desde su niñez. También cantaron con Rubén Fuentes y otros  artistas, como el inolvidable Germán Valdez Tin Tan.

Recuerdo con alegría que mis padres me escribían contándome que todas las mañanas me oían y que mis cuates tampoco se perdían el programa. Por mi parte, les contestaba narrándoles sobre las personalidades que daban brillo a la radiodifusora. Les escribía: “hoy conocí a Tomás Perrín, el protagonista de la serie ‘Carlos Lacroix’; además, mamá, es periodista y ha filmando varias películas”. Mis cartas eran bastante descriptivas: “la W está en las calles de Ayuntamiento, y vieran las colas que se hacen de personas ávidas de poder entrar a los estudios.” O “ayer vi entrar a don Emilio Azcárraga Vidaurreta, el mero mero dueño de la estación. Es mamá, un verdadero hacedor de estrellas; ojala y algún día sepa quién soy yo.”

Aunque por fuera las cosas marchaban bien, por dentro no: Cristóbal Hernández, uno de los guitarristas del sexteto, comenzó a faltar a la serie radiofónica. Como sus ausencias eran cada vez mayores, el sexteto se convirtió en un quinteto para efectos prácticos, y profesionalmente no se oían igual. La decisión final fue terminar con la agrupación, no sin antes conseguir un grupo de remplazo para el programa: los Tres Caballeros.

Marco Antonio se despidió del Trío Rubí y continuó por un tiempo con Los Brillantes, hasta que también se disolvió, por las mismas razones.

Con apenas 20 años de edad, Marco se quedó una vez más a la deriva: sin trabajo y sin dinero, pero ahora con más herramientas para salir adelante.

El arte popular en la década de los cincuenta

Algunas citas de la vida de Marco están tomadas del libro biográfico Marco Antonio Muñiz ¡Soy un escándalo... dicen! por Guillermo Saad, México, Grupo Editorial Siete, segunda edición, 1992.

 

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