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Inicio como artista

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Marco Antonio Muñiz niño decorativo

Ciudad Juárez, en la frontera entre México y Estados Unidos, representa muchas cosas para Marco Antonio Muñiz: marca el inicio de su carrera artística, fue la primera vez que estuvo lejos de sus padres, y el lugar que lo acogió para enseñarle la independencia y la responsabilidad.

Cuando cumplió 13 años, se decidió que Marco comenzaría a trabajar para ayudar económicamente a su familia, y de inmediato se presentó la oportunidad: un empresario judío estaba buscando artistas jóvenes para rellenar un espectáculo cuya estrella era el actor Armando Soto la Marina, “El Chicote”.

En familia se acordó que Marco se uniría al espectáculo como cantante y que, en compañía de su papá, viajarían a Ciudad Juárez, que era en donde se tenía el contrato para actuar.

Una vez en la estación de trenes, su papá lo subió al vagón y le dijo que lo esperara, porque quería saludar a unos amigos. A los pocos momentos el tren comenzó a caminar y Marco vio que su papá se quedaba en Guadalajara.

"Por mis viseras corría la sensación de algo que subía y bajaba, que formaba un nudo en mi garganta, que hacía saltar mi corazón. Tenía ganas de llorar y lloré. El vacío que me oprimía era una mezcla de soledad y desamparo; estaba asustado, indefenso y decaído. A mis trece años estaba solo, muy solo. Tenía miedo y rabia, mucha rabia de mi padre, que había traicionado mi deseo de que me acompañara en este viaje."

Su llegada a Ciudad Juárez, un frío día de enero de 1946, fue devastadora:

"No había nadie en los andenes, ni un alma en los pasillos. No sabía qué hacer y menos a dónde ir, hasta que un señor me preguntó que qué hacía ahí. Me aferré a él, sentí que era mi salvación y le dije que iba a cantar al teatro Casino. Como no lo conocía me llevó a un hotel y me pagó el hospedaje de esa noche. Al día siguiente, salí a la calle a preguntar por la ubicación del teatro, que por fortuna quedaba muy cerca del hotel. Al llegar me presenté ante el empresario y me explicó que él no había ido por mi porque sabía que mi padre me acompañaría en el viaje."

Con el paso de los años Marco comprendió y hasta respaldó esta decisión de su padre. Las circunstancias hacían imposible que lo acompañara: don Lorenzo tenía que quedarse en Guadalajara trabajando y cuidando al resto de la familia.

Después de haber pasado este trago amargo, Marco se incorporó a la actividad en el teatro, abriendo la variedad con un pianista e interpretando pasos dobles.

Durante su estancia en Ciudad Juárez, conoció a Isabel Rey, una señora que trabajaba en el teatro, y que lo albergó en su casa durante los diez meses en que estuvo en la ciudad, tratándolo como a un hijo más. A esta señora, que por cierto Marco no ha vuelto a ver, le dedica estas palabras:

"Bendita seas Isabel Rey, que con bondad de gran dama me cobijaste con amor materno. Te añoro con gratitud por haberme arropado sin distinción con los que fueron en esos días mis hermanos, tus nobles hijos."

En octubre de 1946, Marco se despidió del elenco y regresó a Guadalajara, cargado de regalos para su familia y sus amigos, solo pero con la satisfacción de haber cumplido sus propósitos y con el deseo de encontrar mejores oportunidades en su naciente carrera.

¿Quieres conocer o recordar a Ciudad Juárez de los cuarentas?

Algunas citas de la vida de Marco están tomadas del libro biográfico Marco Antonio Muñiz ¡Soy un escándalo... dicen! por Guillermo Saad, México, Grupo Editorial Siete, segunda edición, 1992.

 

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